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TRADING EN LA ZONA – (Resumido)

Resumido sobre el libro de Mark Douglas.

TRADING EN LA ZONA enseña a los traders a pensar en términos de probabilidades y a tener las convicciones fundamentales necesarias para adquirir una “mentalidad ganadora”. Los traders “en la zona”, es decir, aquellos con este tipo de mentalidad, no precisan saber –y no les importa- que ocurrirá en los mercados acto seguido ya que ellos saben lo que van a hacer a continuación.

Y eso es lo que hace la diferencia…

Estos consejos te harán mejorar enormemente, repítetelos una y otra vez en la cabeza y aplícalos en tu día a día:

  • Lo más importante es aceptar el riesgo y el resultado incierto de cada trade, así conseguiremos eliminar el miedo y pensar sólo en probabilidades.
  • La mayoría de errores derivan de actitudes como estar equivocado, perder dinero o dejar pasar oportunidades.
  • Más análisis de mercado no resolverá la falta de confianza, de disciplina o de concentración, para eso hay que trabajar las emociones.
  • El trading ofrece una libertad total en nuestras decisiones, pero eso es un arma de doble filo, es imprescindible el autocontrol y seguir una serie de reglas.
  • Hay que asumir la responsabilidad por los resultados, crear reglas y controlarse a uno mismo.
  • Perder es normal en el trading, no debe existir ningún malestar si nos salta un stop.
  • Determinar siempre antes de operar el riesgo (MM)
  • El mercado no te debe nada.
  • La consistencia que buscas está en tu mente, no en el mercado, tus herramientas son tu voluntad y tu deseo de aprender.
  • Perder es una consecuencia natural del trading.
  • Hay que enfocarse en ganar y no en evitar pérdidas (Esto crearía una mentalidad negativa).
  • Hay que reestructurar creencias y actitudes, todo lo aprendido en la vida hasta ahora no sirve en el trading, donde no hay reglas y eres el único responsable de tus actos con total libertad.
  • Hay dos fuerzas peligrosas: la euforia y el auto-sabotaje.
  • Asumir la responsabilidad es la piedra angular de una actitud ganadora.
  • Ningún análisis de mercado te ayudará a desarrollar una mentalidad ganadora, de hecho cuanto más sabes de los mercados es peor, pues más esperas de ellos y resulta más doloroso cuando el mercado no hace su parte.
  • Deja de luchar contra el mercado y contra ti.
  • Aceptar el riesgo significa aceptar las consecuencias de tus trades sin malestar emocional o miedo y así no percibes el mercado como una amenaza.
  • Es de suma importancia crear un estado mental que no se vea afectado por el comportamiento del mercado.
  • Cualquier cosa es posible en el mercado, es imposible saber su comportamiento, hay que pensar en probabilidades.
  • No asociar el ahora en el mercado con otro momento anterior, recuerda, cualquier cosa puede suceder.
  • Desarrolla una creencia firme en la incertidumbre.
  • Repito: pensar sólo en probabilidades.

Hay que diferenciar entre:

  • Incertidumbre de cada trade individual.
  • A nivel global hay que pensar que los resultados son seguros y predecibles en el largo plazo y repitiendo siempre los mismos patrones.

 

  • Hay que ser rígidos en nuestras normas (plan de trading) y flexibles en nuestras expectativas.
  • Neutralizar expectativas irreales.
  • Crear un despreocupado entorno mental que acepte el hecho que siempre hay fuerzas desconocidas que operan en el mercado. Por ejemplo un solo trader en Japón, vete tú a saber por qué, se pone a vender como un loco y mueve el precio. Eso es algo totalmente impredecible.
  • Las pérdidas son simplemente el costo de hacer negocios.
  • Abre tu mente para percibir todas más posibilidades, nosotros siempre tenemos una versión limitada de lo que es posible.
  • Hay que remarcar una y otra vez que al aceptar el riesgo por completo, se consigue estar en paz con cualquier resultado.
  • Cada momento en el trading es único, un sistema con muchas variables crea miedo, inseguridad.
  • No es necesario saber que va a pasar para ganar dinero, una vez que se acepte el hecho de no saber qué ocurrirá, se crea una paz interna que ayuda al trader a dominar sus emociones.

Verdades fundamentales para pensar en probabilidades:

  • Cualquier cosa puede suceder.
  • No es necesario saber que va a suceder para ganar dinero.
  • Existe una distribución aleatoria entre trades ganadores y perdedores dentro de cualquier patrón individual.
  • Un patrón sólo significa que existe una mayor probabilidad de que suceda algo en cierto momento.
  • Todo momento del mercado es único.
  • Debes ser creativo, pensar fuera de los límites de tus creencias.
  • Debes crear una creencia fuerte de trader bueno, de trader consistentemente acertado, de trader riguroso.
  • El trading consiste en reconocer una serie de patrones, es difícil porque necesitas saber que va a pasar.
  • Una vez creada tu creencia ganadora, si ésta está alineada con nuestros objetivos no hay conflictos ni errores.
  • La consistencia es un estado mental que una vez logrado no te permite ser de otra manera.
  • Obsérvate a ti mismo, qué piensas, qué dices, qué haces; todo esto contribuye a reforzar tus creencias.
  • No te menosprecies cuando cometas un error, apúntalo y aprende de ello.

Una vez vistos todos estos consejos y pasos para mejorar nuestra psicología interna y poder así comprender mejor nuestras emociones esté es un pequeño resumen de los pasos para la consistencia:

  • Identificar objetivamente mis posibilidades.
  • Acotar previamente el riesgo de cada trade y aceptarlo.
  • Actuar de acuerdo a un sistema previamente testeado y aplicarlo sin dudar una y otra vez (plan de trading).
  • Monitorizar los sentimientos, los errores, los impulsos (llevar un registro de las operaciones y escribir un diario de trading).
  • Entender que para triunfar hay que seguir una serie de reglas

Debes desear fuertemente la consistencia, repítelo internamente una y otra vez, cuando consigas 30 trades seguidos sin dificultades mentales podrás decir que lo has conseguido. Sigue tus sueños y tus convicciones…

¡esfuérzate!

Pequeñas palabras clave que siempre viene bien recordarlas:

  • Sin miedo.
  • Confianza.
  • Plan de trading y cumplirlo al 100%.
  • Objetividad.
  • Cambio de escenario y cambiar de bando si es necesario.
  • Aceptar pérdidas.
  • El mercado siempre tiene la razón.
  • No tener demasiada euforia.
  • No obcecarse con un análisis individual.

Seis grandes habilidades que debemos adquirir si queremos triunfar

  • Confianza en uno mismo.
  • Actitud mental positiva.
  • Disposición a admitir los errores y a aceptar las pérdidas.
  • Paciencia.
  • Flexibilidad.
  • Disciplina.

¿NECESIDAD DE FORMARSE? ¿POR QUÉ? ¿PARA QUÉ?


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Muchas personas se hacen estas preguntas frecuentemente  y al intentar darle respuesta, salen a flote excusas como: eso es perder tiempo, prefiero trabajar y ganar dinero, ya se lo suficiente para desempeñar mi trabajo, yo no necesito aprender más cosas, etc.

Pero pienso que la realidad va mucho más allá. La persona que no adquiere suficientes conocimientos está más expuesta frente a la sociedad y al mundo…  está vulnerable frente a: su jefe, al  banco, al gobierno de turno, a los políticos, al consumismo desmedido, a los hábitos malsanos, y un largo etc.

La formación y el conocimiento nos dan LIBERTAD, nos dan PODER para elegir sin miedo, cuáles son las mejores alternativas para alcanzar nuestra realización personal y con ello ayudar a nuestro entorno.

El conocimiento y la actitud son los ACTIVOS más valiosos que nunca le podrán quitar.  Usted puede perder todo el dinero, su casa, su carro, lo puede dejar su pareja  y quedar usted sin ninguna cosa material, pero nunca, nadie, podrá quitarle el conocimiento adquirido ni su actitud… y, usted con ésta fórmula: CONOCIMIENTO + ACTITUD puede volver a empezar desde cero y lograr sus anhelos y deseos más genuinos.

La persona que no posea los conocimientos y la actitud adecuada cuando atraviese por este tipo de circunstancias adversas que en algún momento de la vida se nos presenta, pasará momentos muy duros y se vislumbrará para sí mismo un futuro incierto en comparación con la persona  que si los posea. ESO ES UNA VERDAD INNEGABLE.

Hoy por hoy se viven en casi todo el mundo momentos y circunstancias muy complejas en lo social, laboral, político, medio ambiental, y nadie puede asegurar que sus ingresos, su trabajo, su estilo de vida, su bienestar social, no puedan cambiar de la noche a la mañana.

Hay mucha gente en el mundo pasando situaciones difíciles y seguramente los que saldrán adelante con mayor facilidad van a ser las personas  que están mejor preparadas, así que…

¿NECESIDAD DE FORMARSE? ¿POR QUÉ? ¿PARA QUÉ?

Espero que éstas palabras sirvan para reflexionar  y pensar un poco sobre esto…  solo con eso quedaré satisfecho, ya que algo habrá cambiado en su interior.

No olvide que en CAPITAL DORADO estamos para ayudarle y asesorarle.

Póngase en contacto con nosotros si necesita alguna asesoría.

Puede contactarnos en: www.capitaldorado.co o a través de nuestras redes sociales.

El hombre más rico de Babilonia (RESUMEN)

En la antigua Babilonia vivía un hombre muy rico que se llamaba Arkad.
Su inmensa fortuna lo hacía admirado en todo el mundo.

También era conocido por su prodigalidad. Daba generosamente a los pobres.
Era espléndido con su familia. Gastaba mucho en sí mismo, pero su fortuna se acrecentaba cada año más de lo que podía gastar.

Un día, unos amigos de la infancia lo fueron a ver y le dijeron:

– Tú, Arkad, eres más afortunado que nosotros. Te has convertido en el hombre más rico de Babilonia mientras que nosotros todavía luchamos por subsistir.

Tú puedes llevar las más bellas ropas y regalarte con los más raros manjares, mientras que nosotros nos hemos de conformar con vestir a nuestras familias de manera apenas decente y alimentarlas tan bien como podemos.

Sin embargo, en un tiempo fuimos iguales. Estudiamos con el mismo maestro, jugamos a los mismos juegos y no nos superabas ni en los juegos ni en los estudios. Y durante esos años no fuiste mejor ciudadano que nosotros. Y por lo que podemos juzgar, no has trabajado más duro ni más arduamente que nosotros.

¿Por qué entonces te elige a ti la suerte caprichosa para que goces de todas las cosas buenas de la vida y a nosotros, que tenemos los mismos méritos, nos ignora?

– Si no habéis conseguido con qué vivir de manera sencilla desde los años de nuestra juventud -los reprendió Arkad-, es que habéis olvidado aprender las reglas que permiten acceder a la riqueza, o también puede ser que no las hayáis observado.

“La Fortuna Caprichosa” es una diosa malvada que no favorece siempre a las mismas personas. Al contrario, lleva a la ruina a casi todos los hombres sobre los que ha hecho llover oro sin que hicieran esfuerzo alguno.

Hace actuar de manera desordenada a los derrochadores irreflexivos que gastan todo lo que ganan, dejándoles tan sólo apetitos y deseos tan grandes que no puedan saciarlos.
En cambio, otros a los que favorece se vuelven ávaros y atesoran sus bienes por miedo a gastar lo que tienen, pues saben que no son capaces de reponerlos. Además, siempre temen ser asaltados por los ladrones y se condenan a vivir una vida vacía, solos y miserables.

Probablemente existen otros que pueden usar el oro que han ganado sin esfuerzo, hacerlo rendir y continuar siendo hombres felices y ciudadanos satisfechos.

Sin embargo, son poco numerosos. Sólo los conozco de oídas.
Pensad en los hombres que repentinamente han heredado fortunas y decidme si esto que os digo no es cierto.

Sus amigos pensaron que estas palabras eran verídicas, pues sabían de hombres que habían heredado fortunas. Le pidieron que les explicara cómo se había convertido en un hombre tan próspero.

– En mi juventud — continuó, miré a mi alrededor y vi todas las buenas cosas que me podían dar felicidad y satisfacción, y me di cuenta de que la riqueza aumentaba el poder de esos bienes.

La riqueza es un poder, la riqueza hace posible muchas cosas.
Permite amueblar una casa con los más bellos muebles. Permite navegar por mares lejanos. Permite degustar finos manjares de lejanos países. Permite comprar los adornos del orfebre y del joyero. Permite, incluso, construir grandiosos templos para los dioses.
Permite todas esas cosas y aún muchas otras que procuran placer a los sentidos y satisfacción al alma.

Cuando comprendí todo eso, me prometí que yo tendría mi parte de las cosas buenas de la vida. Que no sería uno de esos que se mantienen al margen, mirando con envidia cómo los otros gozan de su fortuna. No me conformaría con ropas menos caras que sólo serían respetables. No me contentaría con la vida de un pobre hombre. Al contrario, estaría invitado al banquete de las buenas cosas.

Siendo, como ya sabéis, el hijo de un humilde comerciante y miembro de una familia numerosa, no tenía ninguna esperanza de heredar y no estaba especialmente dotado de fuerza o de sabiduría, como habéis dicho con tanta franqueza; así que decidí que si quería obtener lo que deseaba necesitaría dedicar tiempo y estudio.

En cuanto al tiempo, todos los hombres lo tienen en abundancia. Vosotros habéis dejado pasar el tiempo necesario para enriquecerse. Y sin embargo admitís que no tenéis otros bienes que mostrar que vuestras buenas familias, de las que tenéis razón de estar orgullosos.

En lo que concierne al estudio, ¿No nos enseñó nuestro sabio profesor que posee dos niveles?

Las cosas que ya hemos aprendido y que ya sabemos y la formación que nos muestra cómo descubrir las que no sabemos.

Así decidí buscar qué había que hacer para acumular riquezas, y cuando lo encontré, me creí en la obligación de hacerlo y de hacerlo bien.

Pues ¿acaso no es sabio el querer aprovechar la vida mientras nos ilumina el sol, ya que la desgracia pronto se abatirá sobre nosotros en el momento que partamos hacia la negrura del mundo de los espíritus?

Encontré un puesto de escriba en la sala de archivos, en la que durante largas horas todos los días, trabajaba sobre las tablillas de barro, semana tras semana, mes tras mes; sin embargo, nada me quedaba de lo que ganaba.

La comida, el vestido, lo que correspondía a los dioses y otras cosas de las que ya no me acuerdo, absorbían todos mis beneficios. Pero todavía estaba decidido.

Y un día, Algamish el prestamista vino a la casa del señor de la ciudad y encargó una copia de la novena ley y me dijo:

“La tengo que tener en mi poder dentro de dos días; si el trabajo está hecho a tiempo te daré dos monedas de cobre”.

Así que trabajé duro, pero la ley era larga y cuando Algamish volvió, no había terminado el trabajo. Estaba enfadado, si hubiera sido su esclavo me habría pegado.
Pero como sabía que mi amo no lo habría permitido, yo no tuve miedo y le pregunté: “Algamish, sois un hombre rico. Decidme cómo puedo hacerme rico y trabajaré toda la noche escribiendo en las tablillas para que cuando el sol se levante la ley esté ya grabada.”

Él me sonrió y respondió: “eres un joven astuto, pero acepto el trato”.

Pasé toda la noche escribiendo, aunque me dolía la espalda y el mal olor de la lámpara me daba dolor de cabeza, hasta que casi ya no podía ni ver.

Pero cuando él regresó al amanecer, las tablillas estaban terminadas.

“Ahora, dije, cumple tu promesa.”

“Tú has hecho tu parte del trato, hijo mío, me dijo él bondadosamente, y yo estoy dispuesto a cumplir la mía.

Te diré lo que deseas saber porque me vuelvo viejo y a las lenguas viejas les gusta hablar y cuando un joven se dirige a un viejo para recibir un consejo, bebe de la fuente de la sabiduría que da la experiencia.

Demasiadas veces, los jóvenes creen que los viejos sólo conocen la sabiduría de los tiempos pasados y de ese modo no sacan provecho de ella.
Pero recuerda esto: el sol que brilla ahora es el mismo que brillaba cuando nació tu padre y el mismo que brillará cuando muera el último de tus nietos.” “Las ideas de los jóvenes, continuó, son luces resplandecientes que brillan como meteoros que iluminan el cielo; pero la sabiduría del anciano es como las estrellas filas que lucen siempre de la misma manera, de modo que los marinos puedan confiar en ellas.”

“Retén bien estas palabras si quieres captar la verdad de lo que te voy a decir y no pensar que has trabajado en vano durante toda la noche.”

Entonces, bajo las pobladas cejas, sus ojos me miraron fijamente y dijo en voz baja pero firme:

“Encontré el camino de la riqueza cuando decidí que una parte de todo lo que ganaba me tenía que pertenecer. Lo mismo será verdad para ti.”

Después continuó mirándome y su mirada me atravesó; giró y no añadió nada más. “¿Eso es todo?”, pregunté.

“¡Fue suficiente para convertir en prestamista de oro a un pastor!”, respondió.

“Pero puedo conservar todo lo que gano, ¿no?” dije.

“En absoluto — respondió. ¿No pagas al zapatero? ¿No pagas al sastre? ¿No pagas por la comida? ¿Puedes vivir en Babilonia sin gastar?
¿Qué te queda de todo lo que ganaste durante el año pasado? ¡Idiota! Pagas a todo el mundo menos a ti.

Lelo, trabajas para los otros. Lo mismo daría que fueras un esclavo y trabajaras para tu dueño, que te daría lo que necesitas para comer y vestir.

Si guardaras la décima parte de lo que ganas en un año, ¿cuánto tendrías en diez años?”

Mis conocimientos de cálculo me permitieron responder: “tanto como gano en un año”.

El replicó: “lo que dices es una verdad a medias. Cada moneda de oro que ahorras es un esclavo que trabaja para ti. Cada una de las pequeñas monedas que te proporcionará ésta, engendrará otras que también trabajarán para ti. ¡Si te quieres hacer rico, tus ahorros te deben rendir y estos rendimientos rendirte a su vez! Todo esto te ayudará a conseguir la abundancia de que estás ávido.”

“Crees que te pago mal por la larga noche de trabajo, continuó, pero en verdad te pago mil veces; sólo hace falta que captes la verdad de lo que te he presentado.

Una parte de lo que tú ganas es tuyo y lo puedes conservar.
No debe ser menos de una décima parte, sea cual sea la cantidad que tú ganes. Puede ser mucho más cuando te lo puedas permitir.

Primero págate a ti. No compres al zapatero o al sastre más de lo que puedas pagar con lo que te quede, de modo que tengas suficiente para la alimentación, la caridad y la devoción a los dioses.

La riqueza, como el árbol, nace de una semilla y la primera moneda que ahorres será la semilla que hará crecer el árbol de tu riqueza. Cuanto antes plantes tu semilla, antes crecerá el árbol. Cuanto más fielmente riegues y abones tu árbol, antes te refrescarás, satisfecho, bajo su sombra.”

Habiendo dicho esto, cogió sus tablillas y se fue.

Pensé mucho en lo que me había dicho y me pareció razonable. Así que decidí que lo intentaría.

Cada vez que me pagaban, tomaba una moneda de cobre de cada diez y la guardaba. Y por extraño que parezca, no me faltaba más dinero que antes.

Tras habituarme, casi ni me daba cuenta, pero a menudo estaba tentado de gastar mi tesoro, que empezaba a crecer, para comprar algunas de las buenas cosas que mostraban los mercaderes, cosas traídas por los camellos y los barcos del país de lo fenicios. Pero me retenía prudentemente.

Doce meses después de la visita de Algamish, este volvió y me dijo: “Hijo mío, ¿te has pagado con la décima parte de lo que has ganado este año?”

Yo respondí orgulloso: “Sí, maestro”.

“Bien, respondió contento, ¿qué has hecho con ella?”

“Se la he dado a Azmur el fabricante de ladrillos. Me ha dicho que viajaría por mares lejanos y que compraría joyas raras a los fenicios en Tiro, para luego venderlas aquí a elevados precios, y que compartiríamos las ganancias”

“Se aprende a golpes, gruñó, ¿cómo has podido confiar en un fabricante de ladrillos sobre una cuestión de joyas? ¿Irías a ver al panadero por un asunto de las estrellas?

Seguro que no, si pensaras un poco irías a ver a un astrónomo. Has perdido tus ahorros, mi joven amigo; has cortado tu árbol de la riqueza de raíz.

Pero planta otro. Y la próxima vez, si quieres un consejo sobre joyas, ve a ver a un joyero. Si quieres saber la verdad sobre los corderos, ve a ver al pastor.

Los consejos son una cosa que se da gratuitamente, pero toma tan sólo los buenos.

Quien pide consejo sobre sus ahorros a alguien que no es entendido en la materia habrá de pagar con sus economías el precio de la falsedad de los consejos.”

Tras decir esto, se fue.

Y pasó como él había predicho, pues los fenicios resultaron ser unos canallas y habían vendido a Azmur trozos de vidrio sin valor que parecían piedras preciosas.

Pero, como me había indicado Algamish, volví a ahorrar una moneda de cobre de cada diez que ganaba ya que me había acostumbrado y no me era difícil.

Doce meses más tarde, Algamish volvió a la sala de los escribas y se dirigió a mí.

“¿Qué progresos has realizado desde la última vez que te vi?”

“Me he pagado regularmente, repliqué, y he confiado mis ahorros a Ager, el fabricante de escudos, para que compre bronce, y cada cuatro meses me paga los intereses.”

“Muy bien. ¿Y qué haces con esos intereses?”

“Me doy un gran festín con miel, buen vino y pastel de especias. También me he comprado una túnica escarlata. Y algún día me compraré un asno joven para poderme pasear.”

Al oír eso, Algamish rió: “Te comes los beneficios de tus ahorros.

Así, ¿cómo quieres que trabajen para ti? ¿Cómo pueden producir a su vez más beneficios que trabajen para ti?

Procúrate primero un ejército de esclavos de oro, y después podrás gozar de los banquetes sin preocuparte.”

Tras esto, no lo volví a ver en dos años.

Cuando regresó, su rostro estaba cubierto de arrugas y tenía los ojos hundidos, ya que se estaba haciendo viejo. Me dijo:

“Arkad, ¿ya eres rico, tal como soñabas?”

Y yo respondí:

“No, todavía no poseo todo lo que deseo, sólo una parte, pero obtengo beneficios que se van multiplicando.”

“¿Y todavía pides consejo a los fabricantes de ladrillos?”

“Respecto a la manera de fabricar ladrillos, dan buenos consejos”, repliqué.

“Arkad, continuó, has aprendido bien la lección.

Primero aprendiste a vivir con menos de lo que ganabas, después, aprendiste a pedir consejo a hombres que fueran competentes gracias a la experiencia adquirida y que quisieran compartir ésta, y finalmente has aprendido a hacer que tu dinero trabaje para ti.”

Fin.

El secreto más importante de la historia!

Para Albert Einstein se trataba de una herramienta tan poderosa que la llamó:

La fuerza más poderosa del universo.

Y para Warren Buffett, el mejor inversor de todos los tiempos, también se trata de algo casi milagroso. Su famosa frase lo dice todo:

Mi fortuna es una combinación de vivir en Estados Unidos, algunos genes afortunados, y el interés compuesto.

Sí, estamos hablando del interés compuesto. El llamado factor “mágico”.

¡Pero la realidad es que no hay magia!

El atractivo de esta estrategia es muy, pero muy simple de entender, y se basa en la “reinversión constante”. Algunos podrán llamarlo técnicamente “interés compuesto”. Como sea, es seguramente el elemento que puede darle un exponencial y lucrativo incremento a tus ahorros.

Es tan sencillo que casi no merece explicación. La idea es que al realizar una inversión y obtener un rendimiento, en lugar de cobrar y gastar ese rendimiento, ponerlo a trabajar.

Es decir que “la fórmula” para acortar la carrera hacia la fortuna sólo consiste en obtener intereses de los intereses percibidos, en re-invertir los beneficios. A esto se le llama utilizar el interés compuesto.

El otro factor:

La otra variable clave es el tiempo. Por ejemplo, al comprar una acción y re-invertir los dividendos, en el muy corto plazo no vas a observar grandiosas diferencias, sobre todo si los montos no son grandes.

Pero el resultado es muy distinto cuando se deja correr un buen lapso de tiempo, recurriendo a la estrategia del interés compuesto constantemente. Esto generará una diferencia abismal en tus finanzas.

En el siguiente gráfico puedes ver mucho más claro el efecto del interés compuesto:

La diferencia es abismal. Como ves, en el caso 1, sin re-inversión, la suma total luego de 10 años llega a los $280.000. Pero en la alternativa 2, la de re-inversión de dividendos, luego de 10 años se llega a casi el doble, a $523.384.

Y esta importante diferencia se da por el simple hecho de re-invertir tus dividendos o no.

Por supuesto que necesitas perseverancia y constancia para echar a andar esta máquina de incrementar exponencialmente tus ahorros.

Esto porque, por un lado, tienes que sacrificar temporalmente parte de tu consumo y, por otro, tienes que darle tiempo a la estrategia ya que los resultados diferenciales se ven a partir del tercer año de inversión.

A simple vista todo el mundo debería utilizar la fórmula del interés compuesto para sacar el máximo retorno a su capital.

Pero… adivina “qué”.

Muy pocas personas la implementan. La mayoría termina cayendo ante la tentación del consumismo, usando los dividendos que recibe de sus inversiones para cualquier otra cosa diferente a re-invertir.

Por esto y más, cada vez que estés tentado a hacer esto, recuerda las “mágicas” cifras y resultados del interés compuesto. De la diferencia abismal que podría tener esta estrategia sobre tus ahorros en el largo plazo.

Y por supuesto recuerda a A. Einstein y W. Buffett. Si ellos lo utilizaron, ¿tú puedes cometer el error de no hacerlo?

La fórmula es clara y muy fácil de implementar, solo tienes que aplicarla a tus inversiones.

Cordialmente.

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